• Eduardo Callaey

Occidente sin rumbo, o hacia una nueva Edad Media

Actualizado: 7 de ene de 2019

La intención de este artículo es la de llamar la atención sobre la vigencia de un agudo debate que tuvo lugar en la década del setenta en el que un grupo de intelectuales planteaba la tesis de un retorno a la Edad Media, o dicho de otro modo, un inevitable colapso del sistema social y político que llevaría a la humanidad –o al menos a Occidente– a un retroceso a las etapas preindustriales.


Entre los principales exponentes de aquel debate se encontraban el sociólogo italiano Roberto Vacca, el escritor Umberto Eco (1932-2016) y el filósofo australiano Hedley Bull (1932-1985). La mayoría de estos trabajos relativos a una transición hacia un nuevo medievalismo surgieron antes del estallido de la globalización cuyas consecuencias, a mi juicio, vinieron a confirmar en gran parte lo que estos intelectuales (desde distintas miradas) planteaban.


Mi contacto con estos escritos se produjo en los noventa, en donde ya los efectos de la globalización podían proyectarse con una perspectiva más clara. El interés que me despertaron estas ideas fue casi natural teniendo en cuenta que toda mi vida estudié acerca del Medioevo, en particular esa etapa de transición pre-feudal que se extiende entre la desaparición de las instituciones imperiales y el advenimiento de la etapa feudal propiamente dicha. Luego de leer a Eco, y especialmente la tesis de Vacca, no tuve más dudas respecto de que el mundo estaba atravesando una transición que sería tan traumática como la del Imperio Romano al Medioevo.


Si hay una palabra que puede definir a ambos procesos es confusión. En los últimos años, de manera acelerada, se han deteriorado las bases fundamentales (sociales, morales y religiosas) que sostenían el sistema económico-político desde los tiempos de la Revolución Industrial, que encontró su apogeo luego del triunfo de las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial.


Paradójicamente fue la IIGM la que desarrolló los cimientos de la Era Tecnológica y la Globalización. Basta solo recordar que las primeras grandes computadoras, la lucha por el dominio del espacio mediante el lanzamiento de vectores, y el control de la energía nuclear (por nombrar solo lo que atañe a este artículo) nacen durante la última gran confrontación, y que fueron esas tecnologías las que nos facilitaron energía casi ilimitada, control del espacio y de las comunicaciones y el desarrollo de tecnología inteligente. Las consecuencias económicas y ambientales de esta revolución tecnológica son bien conocidas. De lo que no se habla –porque provoca pánico– es de las consecuencias éticas, sociológicas y religiosas que surgen del mismo proceso, que ya no pasan solo por el modo en el cambiará el clima sino de cómo se afectará el comportamiento humano, con un hombre sumido en la palabra que mencioné más arriba: confusión.


Estamos construyendo una nueva forma de ser y de relacionarnos en pleno desmoronamiento de todas las instituciones que conforman nuestro espacio cultural común. Y lo estamos haciendo sin la más mínima idea de las consecuencias que tendrá en el futuro inmediato, de modo que es muy probable que estemos asistiendo a una transición que terminará con el mundo tal como lo hemos conocido. Vale la pena explayarse un poco sobre lo que planteaban estos intelectuales.


En 1973 Umberto Eco escribió un ensayo titulado “La Edad Media ha comenzado ya”[1]. Dicho ensayo formó parte de una compilación en la que, junto a otros intelectuales italianos (Furio Colombo, Francesco Alberoni y Giuseppe Seco), Eco trataba de analizar el inquietante proceso de aceleración tecnológica y de concentración económica que a muchos les hacía presagiar una nueva Edad Media.


El origen de estos debates hay que buscarlos en la tesis del sociólogo italiano Roberto Vacca, amigo de Eco, que a grandes rasgos se refiere a la degradación de los sistemas típicos de la era tecnológica, que por ser demasiado vastos y complejos como para que una autoridad central pueda controlarlos e incluso para que pueda hacerlo individualmente un aparato de administradores eficaz, están destinados al colapso, y a consecuencia de su interdependencia recíproca, a producir un retroceso de toda la civilización industrial.


En la misma época, Francesco Alberoni en su “Hipótesis sobre la distribución del poder” afirmaba que durante los últimos ciento cincuenta años la potencia de una nación, vista en perspectiva a largo plazo, había estado determinada fundamentalmente por el grado de desarrollo tecnológico y por la dimensión de su territorio (incluyendo en “territorio” a territorios extra-estatales, protectorados, colonias, subordinados económicamente etc.) Vacca respondía a la ecuación de Alberoni que llegaría un punto en que esa complejidad en el desarrollo tecnológico provocaría el colapso y la consecuente degradación de las estructuras de poder.


Para sostener su tesis había publicado su libro “La Edad Media en el futuro próximo”[2] y había despertado el interés de algunos notables intelectuales italianos, en tanto que para otros se trataba de un absurdo. El volumen, estaba destinado al público en general y tuvo un gran éxito en cuanto a las copias vendidas, influyendo –como hemos dicho– en el debate sobre temas tecnológicos y ambientales. Basado en el trabajo del Club de Roma, el libro de Vacca describe un escenario futuro caracterizado por una regresión de la especie humana a un nivel pre-tecnológico.


Conviene advertir aquí que Vacca no era ningún improvisado. El Club de Roma es una ONG fundada en Roma en el año 1968, conformada por científicos, políticos y economistas preocupados por el futuro del mundo. En su momento encargó una investigación al MIT (Massachusetts Institute of Technology), cuyas conclusiones se publicaron en 1972 bajo el título Los límites al crecimiento (The Limits to Growth)[3] La autora principal de dicho informe, en el que colaboraron 17 profesionales, fue Donella Meadows, biofísica y científica ambiental, especializada en dinámica de sistemas.


La conclusión del informe de 1972 fue la siguiente: si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años. Es decir, hacia 2072. En 1992, veinte años después de la publicación original, se actualizó y publicó una nueva versión del informe titulado Más allá de los límites del crecimiento, en la cual, con base en los datos recolectados desde entonces, se exponía que la humanidad ya había superado la capacidad de carga del planeta para sostener su población, es decir que lo que se preveía para un siglo después ya comenzaba a percibirse. Hubo dos actualizaciones posteriores en 2004 y 2012 y pese a ser señalado como maltusiano tiene plena vigencia. En ese entonces (1974) Eco escribía:


¿Qué hace falta para construir una buena Edad Media? Ante todo una gran Paz que se desmembra, un gran poder estatal internacional que había unificado el mundo en cuanto a lengua, costumbres, ideologías, religiones, arte y tecnología y que en determinado momento, por su propia complejidad ingobernable, se derrumba. Se derrumba porque en la frontera están presionando los bárbaros, que no son necesariamente incultos, sino que traen nuevas costumbres y nuevas visiones del mundo. Dichos “bárbaros” pueden penetrar con violencia, porque quieren apropiarse de una riqueza que se les había negado, o pueden infiltrarse en el tejido social de la Pax dominante haciendo circular nuevas fes y nuevas perspectivas de la vida.


Desde una mirada política, Hedley Bull planteó el concepto de “nuevo medievalismo” en el ámbito de las relaciones internacionales. En su libro La sociedad anárquica (The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics)[4], describe una serie de factores que amenazan la supervivencia del sistema de estados y que sugieren el surgimiento de una nueva forma de orden internacional medieval. ¿Cómo podría suceder tal cosa? En un artículo muy interesante Nadia Nasanovsky resume los postulados de Bull en estos términos:


Las fuerzas que llevan al mundo a un escenario con notables paralelismos con el que se vivió desde el siglo V hasta el XV, son, según Bull, los procesos de integración con carácter supranacional, la desintegración de los estados a manos de fuerzas secesionistas, el uso de la violencia por grupos que además se arrogan la legitimidad de hacerlo, la proliferación de organizaciones transnacionales, desde corporaciones a ONG y agencias intergubernamentales, y, por último, la unificación del mundo a través de la tecnología.[5]


Para Bull el Estado moderno tiende a parecerse cada vez más a la sociedad feudal en la que una larga cadena de lealtades –que comenzaba en la base de la pirámide social con los arrendatarios de pequeños alodios atados por vasallaje a modestos barones, que a su vez pronunciaban sus juramentos antes duques y condes, y estos a su vez rendían homenaje a los grandes señores y reyes– establecía un orden de interdependencia cuyo equilibrio solo fue posible en las etapas finales de la Edad Media.


Pero también pone el ojo en el actual sometimiento de los Estados, tanto a presiones externas por imposición de organizaciones supranacionales manipuladas por los poderes hegemónicos, cuanto por las ONG que en muchos casos actúan como medio de coacción, o el reclamo identitario de regiones que pretenden su secesión, conformando en definitiva una sociedad anárquica. La teoría de Hedley se ve reforzada en la actualidad por la aparición del fenómeno social denominado “colectivos”, que adquiere dimensiones tales que les permite incidir y modificar las políticas del Estado. El ejemplo más claro son los colectivos “verdes” que pugnan por la legalización del aborto y la ideología de género que –tal como señala Bull cuando se refiere a grupos de presión– se arrogan la legitimidad de la representación y llegan a ejercer la violencia. O los que se constituyen con el objeto explicito de romper con ejes culturales centrales tanto en el orden sociológico como en el religioso.


Una tesis de Gilberto Aranda Bustamante “El hombre medieval somos nosotros. Aspectos medievales de la esfera internacional contemporánea[6], cuya lectura recomiendo, plantea un neomedievalismo político en lo concerniente a la multiplicación de unidades políticas sobrepuestas no exclusivamente estatales. Concluye que la naturaleza transicional del sistema de posguerra fría refuerza la comparación con la transición fundante del Medioevo.

Las ideas de Roberto Vacca, Umberto Eco y Hedley Bull, todas ellas surgidas en la década del setenta y anteriores al actual estallido de la globalización comienzan a ser revisadas.


En estos días, releyendo a Vacca y a Eco, recordaba algunas memorables discusiones mantenidas en los noventa en torno a este neomedievalismo que –en mi caso– imaginaba como fatalmente inevitable. Confieso que creía que el proceso de deterioro de las instituciones básicas de nuestra cultura demandaría más tiempo, pero todo se ha acelerado. Valdría la pena pensar si hay espacio para resistir la degradación de Occidente. Yo creo que sí. Pero soy consciente de que será difícil, porque las similitudes entre la caída del Imperio Romano y nuestros días son inquietantes. Eco señala que al comienzo de su caída, el Imperio no estaba minado por una ética cristiana. No es el cristianismo lo que lo implosiona. Dice Eco:


Se había minado solo por acoger de forma sincrética la cultura alejandrina y los cultos orientales de Ashtarté y de Mitra, jugueteando con la magia, con las nuevas éticas sexuales, con varias esperanzar e imágenes de salvación. Había acogido a nuevos componentes raciales, había eliminado por necesidad muchas divisiones de clases rígidas, había reducido la distancia entre ciudadanos y no ciudadanos, entre patricios y plebeyos; había conservado la división de las riquezas, pero había mitigado la diferencia entre funciones sociales, cosa que por cierto no podía dejar de hacer. Había presenciado fenómenos de aculturalizaciónes rápidas; había colocado en el gobierno a hombres de razas a las que doscientos años antes habrían considerado inferiores; había suavizado el dogmatismo de varias teologías.


Los paralelismos resultan tan asombrosos como perturbadores. Aquello que en los años setenta se planteaba como un debate especulativo, cuarenta años después sucediendo. Retrocedemos en todos los frentes; estamos claudicando la autoritas, estamos dejando que los niños elijan su sexo, estamos abandonando a los docentes porque ya no está claro lo que significa la palabra “docente”, que viene del latín, doceo, que significa enseñar, pero también está relacionada con docilitas, doctrina, ambos conceptos a los que también hemos renunciado; crecen los movimientos secesionistas; se producen migraciones a escalas nunca vistas; irrumpen movimientos transversales que hacen tambalear los cimientos de los Estados; la principal potencia mundial se retira de tablero y pone fin a la Pax Americana; crece el reclamo de las identidades nacionales en todo el mundo con el resurgimiento de movimientos nacionalistas; el cristianismo se está transformado a horcajadas de la crisis de la Iglesia Católica y el crecimiento de las iglesias evangélicas.


Peor aún, estamos claudicando el concepto de padre y de madre. Y como si fuera poco esto ocurre solo en la mitad del mundo, nuestro propio espacio cultural, en tanto que la otra mitad todavía tiene conceptos claros respecto de cada una de estas cosas.


Eduardo R. Callaey


Referencias

[1] Eco, Umberto en Documenti su il nuovo medioevo. Casa Editrice Valentino Bolpani, Milán,1974.

[2] Vacca, Roberto. The coming dark age. Anchor Press, 1974

[3] Meadows, Donella; Meadows, H. Dennis; Randers, L. Jørgen y otros. The Limits to Growth. Potomac Associates - Universe Books. EE.UU. 1972

[4] Bull, Hedley. The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics Columbia University Press, EE.UU. 1976

[5] Ver el artículo de Nasanovsky ¿Por qué el mundo se dirige hacia una nueva Edad Media? https://www.infobae.com/def/desarrollo/2018/05/26/por-que-el-mundo-se-dirige-hacia-una-nueva-edad-media/

[6] La tesis de Aranda Bustamante puede consultarse en https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0719-09482015000200006

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