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El Secreto Templario: Arqueología y Geometría en el Monte Moriah

Actualizado: 6 ene

Vista del Monte del Templo con la Cúpula de la Roca y la Mezquita de El Aqsa, Jerusalén, c.1880-1900
Vista del Monte del Templo con la Cúpula de la Roca y la Mezquita de El Aqsa, antiguo Cuartel General de la Orden del Temple, Jerusalén, c.1880-1900

El "Secreto" Templario. Una aproximación al tan mentado enigma que rodea a la Orden monástico-militar más famosa de la historia


A menudo, en el contexto de conferencias o seminarios sobre historia de la Orden del Temple, me plantean preguntas acerca algunos descubrimientos y hallazgos que los primeros caballeros habrían realizado en las cámaras subterráneas de su primer emplazamiento en Jerusalén. No es para nada sorprendente que estas dudas se mantengan —y se acrecienten con el tiempo— si se tiene en cuenta la vasta bibliografía que ha explotado hábilmente dichas especulaciones. Ninguna de ellas tiene una explicación histórico-documental que la sostenga. Sin embargo, como suele ocurrir, el hecho de que no existan evidencias firmes tampoco permite descartar a priori ciertas circunstancias que vuelven verosímiles a algunas de estas teorías.   


Se sugiere, por decirlo de manera sencilla, que los templarios habrían encontrado documentos, fórmulas secretas o artefactos sagrados debajo de la Explanada de las Mezquitas, en los cimientos del emplazamiento del Templo de Salomón.


La primera pregunta que se impone es ¿de dónde surgen estas especulaciones? La respuesta que encuentro más atinada es que no hay un solo origen sino varios. La Explanada de las Mezquitas y todo el complejo arqueológico que se encuentra en sus entrañas, es decir, en las profundidades del Monte Moriah, es motivo de estudios sistemáticos desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el día de hoy. (Para un mayor estudio del emplazamiento del Templo de Jerusalén puede leer aquí)


Los verdaderos "primeros arqueólogos" (aunque técnicamente eran ingenieros militares y topógrafos) fueron Charles Wilson (1864) y, sobre todo, Charles Warren (1867). Wilson llegó a Jerusalén con la misión inicial de mejorar el sistema de agua y saneamiento de la ciudad. Sin embargo, su trabajo resultó en el primer mapa científico preciso de Jerusalén. En 1864 identificó el arco que hoy lleva su nombre, el “Arco de Wilson”, que formaba parte de un puente que conectaba la ciudad alta con el complejo del Templo. Sin embargo, Warren es la figura central.


Debido a que las autoridades otomanas prohibían las excavaciones directamente sobre la explanada de las mezquitas, Warren ideó un sistema de pozos y túneles subterráneos.  Excavaba pozos verticales profundos fuera de los muros del recinto y luego cavaba túneles horizontales hasta alcanzar los muros de contención herodianos. Warren fue el primero en documentar las colosales piedras de la base del muro sur y el muro occidental, descubriendo marcas de cantería fenicia y demostrando que la estructura visible era solo una fracción de la construcción original.[1]


I. El facto Pi (π) y la Geometría Sagrada


El trabajo de estos pioneros se centró en lo que hoy conocemos como la Arqueología Bíblica. Sus hallazgos proporcionaron la primera evidencia física de la magnitud del Segundo Templo (ampliado por Herodes) y, por extensión, de la plataforma donde se situó el Templo de Salomón.


Evidentemente, para cualquier aficionado a la historia de la Orden del Temple, resulta fascinante que Warren, al excavar en la zona de la Mezquita de Al-Aqsa (el antiguo cuartel general de los caballeros), se encontrara con restos de túneles y cámaras que habían sido utilizados o modificados por los propios templarios durante las Cruzadas.


Warren, que curiosamente era un masón prominente (fue uno de los fundadores de la logia de investigación Quatuor Coronati), sentía una conexión intelectual y espiritual con la reconstrucción del plano del Templo, uniendo así la arqueología técnica con la tradición histórica que bien conocen los masones, para quienes el Templo de Salomón se encuentra en las raíces mismas de su simbología. Cuando Warren excavó los cimientos en 1867, encontró marcas de pintura roja en las piedras profundas de los cimientos. Warren, siendo masón, las identificó inmediatamente como caracteres fenicios o marcas de "compañeros".


A partir de estos hallazgos se desarrollaron varias teorías. La primera —y tal vez la más difundida por su vinculación con la francmasonería— resulta de la hipótesis de un conocimiento secreto sobre geometría y matemática aplicadas a la construcción, pues esta corriente afirma que los templarios conocían el valor de la letra π y de cómo aplicarla a la construcción.


Como es sabido, en arquitectura, el valor de π no es solo un número iracional (3,14159...), sino que representa la llave maestra de la geometría circular y la ingeniería. Richard Andrews —haciéndose eco de quienes sostienen esta hipótesis— afirma que el símbolo matemático π fue hallado en lápidas y edificios del período templario situados en lugares tan alejados como Siria y Escocia.[2] Para el caso de Siria suele tomarse como fuente los registros de la Palestine Exploration Fund (PEF) de 1871, en los que se encuentran el informe de Charles Warren sobre las marcas de cantería halladas en los cimientos del Templo. En el caso de Escocia estamos hablando de la iglesia de Kilmartin. Pero analicemos en detalle cada cuestión.


Lo que Warren encontró y documentó entre 1867 y 1870 fueron marcas en pintura roja en la base del Muro Sureste. Entre ellas, describió caracteres que identificó como fenicios. Uno de estos caracteres se asemeja mucho a la letra griega π (que en fenicio antiguo o paleo-hebreo puede relacionarse con la letra Het (ח) o Ge).


Warren discutió estas marcas en el Annual General Meeting de la PEF de 1871. La literatura posterior tomó este hallazgo técnico y lo "trasladó" a la narrativa templaria, sugiriendo que, si los templarios excavaron allí, habrían adoptado ese símbolo (el secreto de la proporción circular) para sus propias tumbas en lugares como Siria o Escocia. Además. Lo aplicarían en la construcción de sus capillas en toda Europa copiando las proporciones de la Cúpula de la Roca. Todo este debate se dio en el ámbito de la historiografía romanticista y en un círculo en el que la mayoría de los exploradores y arqueólogos ingleses eran masones. De modo que, desde mi punto de vista la conexión "Símbolo Pi = Templarios" es una construcción de la masonería de marca del siglo XIX que intentó dar una pátina científica a sus mitos fundacionales usando los hallazgos reales de Warren en Jerusalén.


Dicho esto, debemos tener en cuenta que, en una época sin computadoras ni calculadoras, el mayor reto era calcular el perímetro de una estructura circular (como el ábside de una iglesia, una columna o la cúpula de una capilla) a partir de su diámetro. Si se conoce el diámetro de una columna, multiplicándolo por π se obtiene la longitud exacta de la base que se debe tallar.


En la Biblia encontramos un pasaje fascinante para el análisis arquitectónico: la descripción del “Mar de Bronce” de Salomón (1 Reyes 7:23). El texto indica que esta gran fuente circular medía 10 codos de diámetro y 30 codos de circunferencia, lo que arroja una aproximación bíblica de π ≈ 3. Sin embargo, los maestros de obra medievales —herederos de una tradición técnica más rigurosa— sabían que para lograr encastres perfectos y estructuras estables se requería una precisión mayor, aplicando la proporción: Circunferencia = π × Diámetro (donde 30 = π × 10 π ≈ 3).


Como se puede ver, Warren y sus entusiastas discípulos tenían en sus manos un material lo suficientemente tentador como para afirmar que los templarios bien podrían haber descubierto secretos arquitectónicos en las profundidades del Monte Moriah. Sin embargo, es importante aclarar que Warren nunca afirmó haber encontrado el número π, sino que fueron sus lectores posteriores quienes hicieron el salto semántico.


Ilustración artística de los túneles de Warren
Recreación artística de las excavaciones de Charles Warren bajo el Monte Moriah. Generada mediante inteligencia artificial (Gemini) bajo la dirección del autor. 2026.

 

El misterio de Kilmartin: ¿Refugio en las Highlands?


Para entender por qué la corriente que vincula al Temple con la geometría sagrada pone su foco en Kilmartin Glen (Argyll, Escocia), debemos comprender la naturaleza de este lugar. No se trata solo de una iglesia parroquial, sino de uno de los valles con mayor concentración de monumentos prehistóricos y medievales de Europa. Para los autores de la "historia alternativa", Kilmartin representa el punto de llegada de la flota templaria que, tras la persecución de 1307, habría buscado refugio en los dominios de los clanes escoceses.


El interés radica en su extraordinario lapidario: más de setenta losas talladas que presentan una iconografía única. En este "archivo de piedra", la espada central —que para muchos simboliza la presencia del caballero oculto— convive con extraños símbolos geométricos. Es aquí donde autores como Richard Andrews o la línea de Baigent y Leigh creen identificar la supervivencia del "secreto matemático" traído de Jerusalén.


Según esta teoría, los templarios no solo habrían traído documentos, sino una forma de entender la arquitectura y la geometría que quedó plasmada en las proporciones de estas laudes y en el diseño de sus entrelazados. Al analizar estas marcas, los investigadores buscan el rastro de la letra π o de la proporción 22/7, sugiriendo que, incluso en el exilio de las Tierras Altas, los caballeros mantuvieron vivo el conocimiento técnico que los maestros constructores de la Orden habían desarrollado en los cimientos del Templo de Salomón.


Pese a todos estos argumentos, cabe aclarar que en el lapidario de Kilmartin no existe un símbolo π como constante matemática. Lo que existe son cruces con extremos en forma de mazo o "tau" y, sobre todo, un diseño de entrelazado geométrico celta. Esta es la confusión en la que algunos autores de la línea de Baigent y Leigh (exponentes de la historiografía alternativa) han sugerido que ciertas marcas geométricas en las piedras de Kilmartin esconden proporciones matemáticas sagradas. La realidad es que las "marcas" que a veces se interpretan como la letra griega π suelen ser representaciones estilizadas de herramientas (cizallas) o una variante de la letra m (mu) en inscripciones lombardas, o simplemente un diseño de arco doble que sostiene un escudo.

 

¿Instrumentos de construcción en tumbas templarias?


Lápida de Hugues Libergier (* 1229; † 1263) en la Catedral de Notre-Dame en Reims, Francia.
Lápida de Hugues Libergier (* 1229; † 1263) en la Catedral de Notre-Dame en Reims, Francia.

En cuanto al hallazgo de escuadras, compases y otros símbolos de construcción en tumbas de caballeros templarios, efectivamente existen tales hallazgos, pero su interpretación académica difiere de la romántica. Es cierto que se han documentado lápidas medievales con iconografía de herramientas (escuadras, niveles, mazas). Sin embargo, hay que distinguir tres categorías:


  • Tumbas de Maestros de Obra: Es común encontrar escuadras y compases en tumbas de arquitectos o maestros canteros del siglo XII y XIII. Un ejemplo clásico es la losa de Hugues Libergier (arquitecto de la abadía de Saint-Nicaise).[3] Al ser los Templarios grandes constructores, a menudo empleaban a estos maestros, cuyas tumbas a veces se encuentran en recintos de la Orden.

  • Marcas de Cantería: Las marcas de cantero (signos lapidarios) están presentes en casi todas las encomiendas templarias. Algunos autores han confundido estas marcas en las piedras de los cimientos con símbolos "rituales" en las tumbas.

  • Lápidas de Caballeros con herramientas: Existen casos raros, como en el cementerio de Inchinnan (Escocia) o en ciertas laudes en Francia, donde se ven herramientas junto a la espada. La arqueología oficial suele interpretar que estas tumbas pertenecen a "Hermanos de Oficios" (fratres conversi o artesanos adscritos) y no necesariamente a caballeros de linaje noble.

 

La Escuadra y el Compás: ¿Evidencia de un vínculo proto-masónico?


Para la arqueología medieval, la escuadra no es un símbolo "oculto" en el siglo XII, sino un atributo profesional. No se han encontrado escuadras y compases "entrelazados" (al estilo de la masonería especulativa moderna) en tumbas templarias auténticas del periodo 1118-1312. En el contexto medieval, la escuadra simbolizaba la "Justicia" y la "Rectitud Moral" (el Ars Recte Regendi). Si un caballero templario la incluyera en su iconografía, sería para señalar su rectitud ante Dios, no su pertenencia a una logia secreta de constructores.

 

II. El enigma de los fundadores y la conexión Cisterciense


Más allá de la geometría, la segunda gran corriente especulativa se apoya en una red de vínculos familiares y silencios históricos que sugieren una misión muy distinta a la simple custodia de caminos.


Para quienes adhieren a esta escuela. la Orden del Temple no nace de un grupo de caballeros anónimos, sino de un núcleo compacto vinculado a la Casa de Champaña. La genealogía, ciertamente, revela una trama asombrosa: Hugo de Payens era oficial del conde Hugo de Champaña; André de Montbard, uno de los nueve fundadores, era tío de San Bernardo de Claraval, quien a su vez era primo de Payens, en tanto que el mencionado conde Hugo parece el protector de todos ellos. (Sobre Hugo de Payens y la fundación del Temple puede leerse aquí)


Si aceptamos la idea de que aquellos primitivos caballeros templarios estaba buscando un secreto escondido en el Monte Moriah, contamos con el extraordinario testimonio de Daniel el Higumeo, un peregrino ruso que visitó el lugar entre 1106 y 1107. Sus crónicas describen con precisión la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa, pero lo más relevante es que confirma la mentalidad de la época: los cruzados estaban convencidos de que, pese a las construcciones sarracenas, allí permanecían los "cimientos primitivos del Templo". Esta certeza topográfica podría explicar por qué los caballeros eligieron ese emplazamiento específico para su cuartel general.[4]


El extraño comportamiento del Conde de Champaña y el Císter


La pieza clave del "secreto" reside en el conde Hugo de Champaña. Tras sus viajes a Tierra Santa, se produjo un cambio radical en la política de la Orden Cisterciense. El abad Esteban Harding, hasta entonces reacio al estudio erudito y volcado a la contemplación, ordenó repentinamente que sus monjes se abocaran al estudio profundo de antiguos textos hebreos, requiriendo incluso la ayuda de sabios rabinos.


Poco después, el conde donó los terrenos para que San Bernardo fundara la Abadía de Claraval. Finalmente, en 1125, el conde repudió a su familia, renunció a sus vastos dominios —más extensos que los del propio rey de Francia— y partió a Jerusalén para unirse a la Orden del Temple como un subordinado más de su antiguo oficial, Hugo de Payns.


¿Un hallazgo en las entrañas del Templo?


Resulta difícil creer que un hombre de la talla del Conde de Champaña abandonara todo para patrullar caminos bajo las órdenes de su subalterno. La hipótesis que sostiene Louis Charpentier (principal referente de esta corriente) es que Payens y el Conde habrían localizado en Tierra Santa documentos de origen hebreo de tal importancia que requirieron la logística de la Orden del Císter para su análisis.[5]


Uno de los argumentos de peso es que mientras el reino de Jerusalén sufría una falta de tropas, los nueve caballeros habrían permanecido inactivos en combate durante casi una década, sin admitir nuevos miembros. Como bien apunta Charpentier: “¿Quién querrá hacernos creer que el conde de Champaña repudió a su mujer y lo abandonó todo simplemente para guardar caminos bajo las órdenes de uno de sus propios oficiales? No seamos ingenuos…”.


Michel Lamy parece coincidir con Charpentier: ¿Debemos realmente creer que repudió a su mujer y lo abandono todo solo para guardar caminos con gentes que no querían que nadie les prestara ayuda, y ello bajo las órdenes de uno sus propios oficiales? Habría que ser verdaderamente ingenuo, por más que se considere que la fe puede ser motivo de muchas renuncias. ¿No se trataba más bien de ayudar a los templarios en la verdadera tarea que les había sido confiada y que Hugo de Champagne tenía buenas razones para conocer? Cabe pensar que los documentos verosímilmente traídos de Palestina por Hugo de Champagne (que los había descubierto sin duda en compañía de Hugo de Payns) no dejaban de tener relación con el emplazamiento que posteriormente fue asignado como alojamiento de los templarios.”[6]


Según esta visión todo indicaría que el secreto bien guardado de la Orden no residía en la espada, sino en aquello que habrían extraído de las entrañas del Monte Moriah, siguiendo las pistas de unos textos que solo el rigor cisterciense podía descifrar.

 

Conclusión: Entre la piedra y el pergamino


Al despojar la historia del Temple de sus ropajes románticos, no nos queda un vacío, sino una realidad mucho más sugerente. La evidencia arqueológica de Warren en Jerusalén o el lapidario de Kilmartin en Escocia demuestran que el Temple no fue solo una orden militar, sino una corporación de conocimiento.


Ya sea a través de la aplicación de una geometría avanzada que desafiaba el conocimiento común de su época —simbolizada en ese "factor π" que tanto desvela a los investigadores— o mediante el acceso a documentos hebreos cuya traducción podría haber cambiado la política intelectual del Císter, los templarios actuaron como un nexo entre mundos.


Es probable que el verdadero "secreto" no fuera un objeto físico como el Grial o el Arca, sino una metodología de pensamiento y construcción que unía la fe con la ciencia aplicada. Como hemos visto, la transformación del conde de Champaña y la dedicación de San Bernardo a la "caballería evangélica" sugieren que lo hallado bajo el Monte Moriah fue —si es que podemos dar crédito a estas hipótesis—, ante todo, una revelación intelectual: el descubrimiento de que el Templo de Salomón podía ser reconstruido no solo en piedra, sino en la estructura misma de la sociedad europea.


En última instancia, la falta de documentos definitivos no es un silencio de la historia, sino una invitación. Mientras los cimientos de la Explanada sigan guardando sus marcas de cantería fenicia y las lápidas de las Highlands mantengan su mudo lenguaje de espadas y cizallas, el "secreto" templario seguirá cumpliendo su función: recordarnos que bajo la superficie de la historia oficial, siempre late una trama de conocimiento esperando ser descifrada.

 


[1][1] Raymond Capt, E. 1979. King Salomon’s Temple. California: Artisan Sale, Thousand Oaks.

[2] Andrews, Richard, (2000) Sangre en la montaña. Barcelona: Plaza & Janés Editores. P 249 y ss.

[3] Hugo Libergier (nacido antes de 1229; † 1263) fue un maestro de obras del gótico clásico francés. En 1229 inició la construcción de la iglesia de Saint-Nicaise en Reims, dedicada a San Nicasio. Dicho templo fue demolido en 1798 tras la Revolución Francesa.

Su lápida sepulcral de piedra, que mide 2,50 × 1,35 metros, se encuentra actualmente en la Catedral de Reims, donde puede ser contemplada en el transepto norte. En ella, Libergier aparece representado sosteniendo una maqueta de la iglesia que diseñó (al menos la fachada), siguiendo el modelo de la catedral de Reims. También se muestran una regla, una escuadra y un compás de puntas como símbolos de su profesión. Además, viste el traje de los profesores de París, lo que simboliza la cientifización de la arquitectura.

[4] Khitrowo, Mme. B. De (1966), “Itinéraires Russes en Orient” (Réimpressión de l’édition 1889; Osnabrück: Otto Séller, p. 20,21.

[5] Charpentier, Louis (1970) El Misterio de los Templarios. España: Bruguera.

[6] Lamy, Michel (1999). La otra historia de los templarios. España: Ediciones Martínez Roca, pp.32-35

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