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Marie Luise Bulst-Thiele y el estudio olvidado sobre los Grandes Maestres del Temple

Sigilum Templi. Museo templario de Toledo (foto del autor)


Marie Luise Bulst-Thiele y el estudio olvidado sobre los Grandes Maestres del Temple


Cuando se habla de la Orden del Temple, la mayoría de los libros disponibles tiende a recorrer siempre los mismos caminos: el origen de la Orden, su papel en las Cruzadas, la acumulación de poder, el proceso y la disolución final. Sin embargo, hay un aspecto decisivo de su historia que ha recibido sorprendentemente poca atención sistemática: la figura del Gran Maestre del Temple. Esa es la principal razón que me llevó a escribir mi último libro.


Si se deja de lado mi propio trabajo sobre los Grandes Maestres del Temple (ver Templarios: Religión, guerra y política en Tierra Santa) y el clásico estudio de Malcolm Barber (The New Knighthood: A History of the Order of the Temple, Cambridge University Press, 1994), lo cierto es que la bibliografía específica sobre este tema es escasa. No inexistente, pero sí fragmentaria, dispersa y, en muchos casos, subordinada a enfoques más generales. En ese contexto, la obra de la historiadora alemana Marie Luise Bulst-Thiele ocupa un lugar singular y, me atrevería a decir, injustamente poco conocido fuera del ámbito académico especializado.


Su libro, publicado en 1974 con el título Sacrae Domus Militiae Templi Hierosolymitani Magistri. Untersuchungen zur Geschichte des Templerordens 1118/19–1314, no es una historia narrativa del Temple ni una sucesión de biografías. Es algo distinto y, precisamente por eso, tan valioso: un estudio institucional, jurídico y político del cargo de Gran Maestre a lo largo de toda la existencia de la Orden.


Bulst-Thiele no se interesa por el Gran Maestre como héroe, ni como villano, ni como figura legendaria. Lo analiza como lo que fue en términos históricos: el vértice de una estructura compleja, sometido a reglas internas, a controles colectivos y a presiones externas constantes. Su pregunta de fondo no es quién fue cada Gran Maestre, sino qué podía y qué no podía hacer, cómo se definía su autoridad y de qué modo esa autoridad fue cambiando con el tiempo.


Uno de los grandes méritos del libro es mostrar que el poder del Gran Maestre nunca fue absoluto. En los primeros años de la Orden, el liderazgo era flexible y poco formalizado; con el paso del siglo XII, la institución se vuelve más rígida, más normativa y más burocrática; y en el siglo XIII, el Gran Maestre aparece cada vez más condicionado por una red de tensiones que incluye al Capítulo, a las provincias, a las monarquías europeas y, por supuesto, al Papado.


Desde este punto de vista, la obra de Bulst-Thiele resulta especialmente esclarecedora para comprender por qué los últimos Grandes Maestres actuaron en un margen de maniobra mucho más reducido que sus predecesores. En algunos casos este margen se redujo a una completa subordinación, como sucedió durante el mandato de Reinaldo de Vichiers, quien permitió la humillación pública de la Orden por parte de Luis IX. Sin embargo —salvo este caso extremo—, no se trata de debilidad personal ni de errores individuales, sino de una transformación profunda del equilibrio de poder dentro y fuera de la Orden.


El enfoque de la autora es deliberadamente sobrio. Su prosa es técnica, a veces árida, apoyada en un análisis minucioso de documentos, cartas, actas y bulas pontificias. No hay en su libro interés por el simbolismo templario, ni por la espiritualidad, ni por el imaginario caballeresco (ver El Templo de Salomón. Su dimensión histórica y simbólica en la Orden del Temple). Y eso, lejos de ser un defecto, define con claridad su lugar en la historiografía: Bulst-Thiele explica cómo funcionaba el Temple, no qué significaba.


El verdadero alcance de este enfoque se vuelve más evidente cuando se lo confronta con casos concretos. Allí donde una mirada abstracta tiende a homogeneizar la figura del Gran Maestre, el análisis institucional permite comprender por qué cada uno de ellos actuó de manera distinta, no solo por temperamento o carácter, sino por el marco histórico y político que condicionó su autoridad.


Algunos ejemplos de los Grandes Maestres en la práctica: Payens, Craon, Sablé y Torroja a la luz de Bulst-Thiele


El caso de Hugo de Payens (ver Hugo de Payens "El cazador de beduinos"), primer Gran Maestre del Temple, resulta paradigmático. En los años fundacionales, la autoridad del cargo era todavía fluida, casi personal. Payens no encabezaba una institución plenamente consolidada, sino un experimento religioso y militar en gestación. Desde la perspectiva de Bulst-Thiele, este período se caracteriza por una escasa formalización del poder, lo que explica por qué Payens pudo actuar con una libertad que sería impensable para sus sucesores. Su liderazgo se apoyaba más en el prestigio personal, en la cercanía con los círculos de poder de Jerusalén y en el respaldo de figuras como Bernardo de Claraval que en una estructura normativa establecida.


Muy distinta es la situación de Roberto de Craon (ver Roberto de Craon), segundo Gran Maestre. Con él comienza a perfilarse una autoridad más institucionalizada, pero también más condicionada. Craon ya no se mueve en el terreno casi experimental de los orígenes, sino en una Orden que empieza a definirse jurídicamente, a recibir donaciones sistemáticas y a organizarse en provincias. Desde la óptica de Bulst-Thiele, este es el momento en que el Gran Maestre deja de ser un simple líder carismático para convertirse en un gestor de una estructura en expansión, obligado a negociar constantemente con el Capítulo y con poderes externos. Con de Craon el crecimiento de la Orden se dispara; pero llega también la primera derrota militar que dará lugar a un aprendizaje intensivo de la guerra en Oriente Medio.


El caso de Roberto de Sablé (ver Ricardo Corazón de León, Roberto de Sablé y los Templarios), el almirante de la flota cruzada de Ricardo Corazón de León, ilustra con especial claridad uno de los puntos centrales del libro de Bulst-Thiele: el Gran Maestre no actuaba en el vacío. Sablé se encuentra atrapado en una red de relaciones políticas complejas, donde la autoridad templaria debe coexistir —y a veces subordinarse— a los intereses de Ricardo. Aquí se advierte con nitidez que el poder del Gran Maestre no era absoluto ni autónomo, sino relacional, condicionado por alianzas, conflictos y equilibrios diplomáticos.


Finalmente, la figura de Arnau de Torroja (ver La tumba del Gran Maestre Arnau de Torroja) permite observar otro aspecto clave señalado por Bulst-Thiele: la tensión entre el centro y las provincias. Torroja, con su sólida formación y su experiencia administrativa, encarna al Gran Maestre plenamente inserto en una Orden ya madura, con una vasta red territorial en Occidente. Su autoridad no se mide solo en el campo de batalla ni en Jerusalén, sino en la capacidad de articular una organización transnacional, donde las casas, encomiendas y provincias tienen intereses propios. En este contexto, el Gran Maestre aparece menos como un caudillo y más como un árbitro institucional, limitado por normas, procedimientos y consensos internos.


Estos ejemplos muestran con claridad que el Gran Maestre del Temple no fue una figura fija ni homogénea. La autoridad que ejerció cada uno de ellos estuvo siempre condicionada por un entramado institucional y político cambiante, tal como ha puesto de relieve Bulst-Thiele desde una perspectiva estrictamente estructural.

Finalmente, lo que he querido poner de manifiesto en esta nota es que, sin una comprensión profunda de las circunstancias políticas —tanto al interior como al exterior de la Orden—, de las presiones propias de una institución subordinada al Papado pero obligada a mantener un delicado equilibrio frente a los poderes seculares, y sin un conocimiento claro de la evolución de los límites y las responsabilidades del cargo de Gran Maestre a lo largo de los dos siglos de existencia del Temple, nos estamos perdiendo una parte sustancial de la trama histórica.


En un momento en que el auge del templarismo alcanza niveles inéditos en tiempos modernos, y en el que una porción cada vez mayor de lectores demanda información seria y fundada sobre el tema, la cuestión del liderazgo histórico de la Orden merece, sin duda, un mayor nivel de investigación. Tal vez por ello resulte hoy tan necesaria una traducción de la obra de Marie Luise Bulst-Thiele, cuya lectura permitiría enriquecer y matizar de manera decisiva nuestra comprensión del Temple y de quienes lo condujeron


Nota bibliográfica

Cabe señalar que la obra de Marie Luise Bulst-Thiele fue traducida al italiano bajo el título Sacrae domus militiae Templi Hierosolymitani magistri. Ricerche sulla storia dell’Ordine dei Templari 1118/9–1314. I gran maestri templari, en traducción de Renzo Pardi, y publicada por la editorial Volumnia (Perugia), alrededor de 2004. Esta edición se encuentra actualmente fuera de catálogo y es de muy difícil localización, lo que explica que haya pasado prácticamente inadvertida incluso en el ámbito especializado.


Marie Luise Bulst-Thiele y el estudio olvidado sobre los Grandes Maestres del Temple

Eduardo Callaey ©



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